Te cepillaste. Y luego llegó el día.
Bordes más finos, una sonrisa más amarilla, un dentista que ve algo que tú nunca notaste. Nada de eso empieza en el baño. Empieza en las catorce horas que hay entre un cepillado y el siguiente.
Lo primero que notas
Rara vez es dolor. Es el borde de uno de los dientes de delante, que se ve un poco más transparente de lo que era. Una sonrisa que en las fotos sale con un tono más cálido que antes. Agua fría que de pronto se nota. O nada en absoluto, hasta que un dentista señala algo en la pantalla y dice que ya lleva ahí un tiempo.
Llegados a este punto, muchos recurren al blanqueamiento, y les decepciona. Ese color no es una mancha. El esmalte es translúcido, y la capa que hay debajo es amarilla por naturaleza. Cuando el esmalte se vuelve más fino, esa capa se transparenta más. No estás viendo dientes sucios. Estás viendo dientes más finos.
Adónde va el mineral
El esmalte es casi todo mineral y no tiene células vivas con las que repararse. Lo que tiene, en cambio, es un intercambio diario. Cada café, comida, tentempié o bebida ácida baja el pH en la superficie del diente y le quita un poco de mineral. La saliva dedica después buena parte de una hora a amortiguar el ácido y a devolver calcio y fosfato a la superficie.
Con una exposición al día, la superficie sigue el ritmo. Con un café en el escritorio, la comida, un agua con gas, un tentempié a las cuatro y una copa de vino a las nueve, la fase de reparación se interrumpe una y otra vez antes de terminar. La balanza se inclina una fracción, y se inclina hacia el mismo lado cada día.
Qué aspecto tiene, por orden
- La superficie se vuelve rugosa. Las manchas se fijan antes, al caer la tarde se asienta una película sobre los dientes inferiores y el aliento se estropea más pronto.
- El frío empieza a notarse. El color cambia, porque el esmalte está más fino, no más sucio.
- Aparecen manchas blancas, como de tiza, cerca de la línea de la encía. Es el último punto en el que el mineral todavía puede volver a entrar.
- La superficie cede. Viene un empaste, y el diente ya nunca vuelve a ser el original. Los empastes se sustituyen, cada uno se lleva un poco más, hasta que no queda suficiente diente para sujetar uno.
Cepillarse por la mañana y por la noche es lo correcto. También son dos momentos en un día que tiene catorce horas de exposiciones de por medio, y ninguna de esas exposiciones ocurre junto a un lavabo.
El mineral de nombre poco familiar
El esmalte está hecho de hidroxiapatita. El esmalte es casi todo mineral, y casi todo ese mineral es hidroxiapatita: cristales de calcio y fosfato muy compactos, alineados en prismas tan densos que el esmalte es el tejido más duro del cuerpo. Suena a palabra de laboratorio; es el mismo cristal que lleva en tus dientes desde que salieron. La dentina que hay debajo y tus huesos también están hechos de ella.
Por eso llegó al cuidado bucal. La mayoría de los ingredientes actúan sobre el diente desde fuera. La hidroxiapatita es el propio material del diente. En estudios de laboratorio y clínicos, partículas finas de hidroxiapatita se adhieren a la superficie del esmalte y se asientan en las irregularidades microscópicas que deja el ácido; por eso las superficies tratadas con ella se ven y se notan más lisas. Japón la usa en pastas de dientes desde los años 1990 y, en la última década, se ha convertido en uno de los ingredientes minerales más estudiados del cuidado bucal en Europa.
Además, es suave por naturaleza. No es tóxica si se traga, no mancha, no deja regusto y es adecuada para quien se fija en lo que se pone en la boca varias veces al día.
Qué ayuda en las horas entre cepillados
Nada de esto te pide renunciar al café o al vino. Solo pide un poco de atención en los momentos en que llega el ácido.
- Enjuágate con agua después de comer o beber algo ácido. Un trago de agua sola devuelve el pH a la neutralidad más rápido que la saliva por sí sola.
- Espera antes de cepillarte. Justo después de un café, un zumo o vino, la superficie está reblandecida. Cepillarse enseguida la desgasta; deja pasar de 30 a 60 minutos.
- Agrupa los sorbos. Un café tomado en diez minutos es una exposición. El mismo café a sorbos durante dos horas son una docena.
- Dale a la superficie su mineral en ese momento. No por la noche, horas después, sino justo después de la exposición, mientras el intercambio está en marcha.
Las tres primeras son hábitos. La cuarta siempre ha sido la difícil, porque la pasta de dientes necesita un lavabo. El enjuague bucal necesita un lavabo. Las horas que hacen el daño se pasan en coches, oficinas, reuniones y restaurantes.
Un día cualquiera
Café en el escritorio. El pH de la superficie baja en cuestión de minutos.
Agua con gas en una reunión. Otra pequeña bajada, antes de que la superficie se haya recuperado del todo de la primera.
Comida fuera de casa. Sin lavabo, sin cepillo.
Un tentempié para aguantar la tarde. La fase de reparación vuelve a interrumpirse.
Una copa de vino en la cena. Aún falta una hora para cepillarse.
Cinco momentos, y en cada uno encaja el cuarto hábito.
Hecho justo para esos momentos
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Descubre cómo funciona CariSpray AdultPágina oficial del productoEl diente del Espécimen 01 se cepilló durante décadas. Lo que nunca tuvo fue algo para las horas entre cepillados.
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